Sala Cuna y Jadín Infantil Intercultural Ayelén Quitratúe
AtrásLa educación inicial en la región de la Araucanía presenta particularidades que la diferencian del resto de Chile, especialmente cuando se trata de instituciones que integran la cosmovisión mapuche en su propuesta pedagógica. Uno de estos establecimientos es la Sala Cuna y Jardín Infantil Intercultural Ayelén Quitratúe, ubicada en Barros Arana 340, en la localidad de Quitratue, comuna de Gorbea. Este centro se inscribe dentro de la red de atención a la primera infancia que opera en zonas rurales del sur del país, donde la demanda de espacios educativos cercanos al territorio resulta fundamental para las familias trabajadoras de la zona.
El nombre del establecimiento no es casual. “Ayelén” es una palabra del mapudungun que alude a la alegría y la felicidad, valores que el equipo educativo busca transmitir como parte central del trabajo cotidiano con niños y niñas. La propuesta de este jardín intercultural combina los lineamientos oficiales de la educación parvularia chilena con elementos propios de la cultura mapuche, como el uso del mapudungun, el respeto por la naturaleza, los relatos ancestrales transmitidos por las familias y la valoración del entorno comunitario. Esa fusión pedagógica es, precisamente, lo que distingue a un jardín intercultural de uno convencional.
Como sala cuna y jardín infantil, la cobertura etaria abarca desde los primeros meses de vida hasta los cuatro o cinco años, dividiendo la atención en niveles según la edad. Esto permite a las familias acceder a un espacio educativo continuo, sin necesidad de cambiar de institución durante la primera infancia, lo que favorece la contención emocional de los párvulos y la estabilidad de los vínculos con sus educadoras. La modalidad intercultural resulta especialmente significativa en una comuna como Gorbea, donde una proporción importante de la población pertenece al pueblo mapuche y donde la identidad territorial tiene un peso muy relevante en la vida cotidiana.
Uno de los aspectos más destacables de este tipo de establecimientos es su rol social. Las salas cunas y jardines infantiles en sectores rurales de la Araucanía suelen cumplir funciones que van más allá de lo estrictamente pedagógico: ofrecen un espacio seguro de contención para niños y niñas cuyos padres se dedican a actividades agrícolas o estacionales, contribuyen a la detección temprana de situaciones de vulnerabilidad y promueven la participación activa de las familias en el proceso educativo. En este sentido, la Sala Cuna Ayelén Quitratúe se posiciona como un recurso comunitario de alto valor para Quitratue y sus alrededores.
Desde el punto de vista pedagógico, un jardín intercultural trabaja con los mismos marcos curriculares que cualquier otro establecimiento del país, pero incorpora ejes transversales vinculados al reconocimiento de la diversidad cultural. Las profesionales de la educación parvularia que se desempeñan en estos contextos suelen contar con formación específica en interculturalidad, lo que les permite planificar experiencias de aprendizaje que incluyen cantos en mapudungun, relatos transmitidos por abuelos y abuelas de la comunidad, reconocimiento de plantas medicinales y alimentos tradicionales, y celebraciones asociadas al calendario agrícola mapuche como el We Tripantu, el año nuevo mapuche.
En cuanto a la infraestructura y el funcionamiento, estos centros —frecuentemente pertenecientes a la red JUNJI o a programas alternativos con financiamiento estatal— ofrecen alimentación, material didáctico y personal capacitado en proporciones adecuadas al número de párvulos matriculados. La ubicación en Barros Arana 340, dentro del área urbana de Quitratue, facilita el acceso de las familias que viven en el propio pueblo y en sectores rurales cercanos. Sin embargo, es importante tener presente que la conectividad vial de la zona puede presentar dificultades en ciertos meses del año, especialmente durante el invierno, aspecto que conviene considerar al momento de planificar traslados diarios.
Otro aspecto que las familias suelen valorar es la alimentación. Las salas cunas y jardines infantiles que operan bajo modalidades JUNJI o equivalentes entregan una colación y, en jornadas completas, un almuerzo pensado para cubrir los requerimientos nutricionales de los párvulos. En los espacios interculturales, además, existe la posibilidad de que se incorporen preparaciones propias de la cocina mapuche, lo que refuerza el vínculo entre alimentación, identidad y territorio desde edades muy tempranas.
Para las familias interesadas en inscribir a sus hijos o hijas, el proceso suele gestionarse directamente en el establecimiento o a través de los canales oficiales del programa al que pertenece la sala cuna. Es recomendable consultar disponibilidad de vacantes, documentación requerida y horarios de atención, ya que estos pueden variar según la temporada y la demanda local. La comunicación directa con el equipo educativo resulta clave para conocer de primera mano cómo se articula el enfoque intercultural en la rutina diaria y de qué manera se invita a las familias a participar de las actividades.
Un punto a considerar de forma realista es que la presencia pública del jardín en plataformas digitales es escasa, lo que dificulta obtener referencias externas sobre la experiencia de otras familias. Esto, sin embargo, no es atípico en establecimientos rurales pequeños, donde las comunidades suelen conocer el servicio por vías presenciales, mediante conversaciones entre vecinos o a través del municipio, y no tanto a través de reseñas en línea. Quienes tengan la posibilidad de visitar el lugar y conversar con el equipo podrán formarse una opinión mucho más completa y ajustada a la realidad.
También conviene mencionar que, al tratarse de un jardín ubicado en una zona con población mayoritariamente mapuche, es razonable esperar que parte importante de su matrícula pertenezca a comunidades mapuche cercanas. Esto convierte al establecimiento en un punto de encuentro intercultural, donde niños y niñas de distintos orígenes comparten la experiencia educativa. Para familias que buscan un entorno donde la diversidad cultural sea vivida de manera cotidiana y natural, este tipo de institución puede resultar una alternativa muy coherente con sus valores.
La Araucanía enfrenta desafíos importantes en materia de cobertura de educación parvularia, particularmente en localidades alejadas de los centros urbanos más grandes. Iniciativas como la Sala Cuna y Jardín Infantil Ayelén Quitratúe aportan a revertir ese déficit y, al mismo tiempo, contribuyen a la valoración y transmisión de la cultura mapuche desde edades muy tempranas. Para familias mapuche y no mapuche por igual, esta clase de espacios representa una oportunidad concreta de formar a sus hijos e hijas en el respeto por la diversidad y en el conocimiento de las raíces históricas del territorio que habitan.
Antes de tomar una decisión, las familias pueden acercarse al establecimiento, solicitar una reunión informativa y observar las dependencias. Visitar el lugar permite evaluar de primera mano las condiciones de los espacios, la calidez del equipo, la dinámica con los niños y la coherencia entre el discurso intercultural y la práctica cotidiana. Esa visita suele ser más orientadora que cualquier descripción a distancia y ayuda a resolver dudas concretas sobre horarios, alimentación, períodos de adaptación y participación de las familias.
Si resides en Quitratue, Lastrarria, Quitratue Bajo o cualquier localidad próxima dentro de la comuna de Gorbea, conviene acercarse al establecimiento para conocer su propuesta educativa, sus horarios de funcionamiento y los requisitos de matrícula. La educación intercultural en la primera infancia no solo prepara académicamente a los niños y niñas, sino que también les entrega herramientas para desenvolverse con sensibilidad y respeto en un entorno multicultural como el del sur de Chile. Apostar por un jardín de estas características es, en definitiva, una manera concreta de sumar identidad, comunidad y aprendizaje en los primeros años de vida.